墨城

希梅娜·阿拉尔孔重建废墟,对抗遗忘

En un patio de la colonia Roma, en Ciudad de México, hay un montón de escombros. A primera vista parece un simple desecho de demolición, algo que la mirada urbana ya aprendió a ignorar. Pero al acercarse, entre los fragmentos de concreto se ven juguetes, ropa de bebé, páginas de libros, hasta cabello humano. Son restos de vidas cortadas, dispuestos con precisión, como si el arte pudiera reconstruir el horror sin romantizarlo.

La instalación se llama La des-construcción del mundo y es obra de Ximena Alarcón, artista mexicano-francesa cuyo trabajo gira en torno a la memoria traumática. Podrá verse del 3 al 8 de febrero en Casa Mérida, durante la Semana del Arte. La pieza obliga a detenerse frente a lo que la mayoría prefiere ver desde lejos, o a través de una pantalla mientras se desliza sin parar.

“Percibimos las ruinas por los medios: ya sea por desastres naturales o guerras”, explica Alarcón. “Pero con esta obra quiero que, al acercarte, empieces a ver lo que realmente queda atrapado: las vidas de las personas”.

El punto de partida fue una declaración que Alarcón considera “lo más indecente y terrible” que ha escuchado: la del presidente estadounidense Donald Trump, al proponer convertir Gaza en “la Riviera del Medio Oriente”. La imagen de los bulldozers barriendo escombros —y todo lo que hay debajo— le recordó una pregunta que llevaba años haciéndose: ¿qué significa reconstruir como si nada hubiera pasado?

“Esto va desde lo íntimo, como un secreto familiar, hasta lo colectivo, como un país. En México decimos: ‘Los muertos del narco se matan entre ellos; mientras no me toque a mí, no pasa nada’. Todo nace de ahí: de hacer como que no pasa nada”.

Alarcón traza una línea entre Gaza, Acapulco tras el huracán Otis, los pueblos dominados por el narcotráfico, y la propia Ciudad de México, construida sobre los restos de Tenochtitlan. La violencia, dice, no es un episodio aislado: es un sedimento que moldea las sociedades que se levantan sobre él.

“Siempre hemos construido encima de eventos traumáticos. La colonización, la conquista —por poner solo el caso mexicano— crean nuevas sociedades, porque cambia la idiosincrasia, la cultura. Se pierden cosas, se ganan otras. Y todo eso deja una carga de trauma muy fuerte”.

Esta reflexión la vive en su propia piel. Nacida en México, formada en Francia, madre de hijas biculturales, Alarcón sabe lo que es no encajar del todo en ningún lado.

La instalación incluye también una obra de la artista estadounidense-vietnamita Biddy Tran, cuya historia también está marcada por el desplazamiento. Tran es hija de los boat people, los refugiados que huyeron de Vietnam tras la guerra. Ella lo hizo siendo un bebé.

Su pieza es un tejido de lirio acuático —planta originaria del Amazonas, traída como ornamento a México y Vietnam en el siglo , y que luego se volvió una plaga ecológica— que emerge de un pequeño charco, cruza el montón de escombros y se desvanece en una forma amorfa e incompleta.

“Biddy y yo empezamos a hablar de cómo pertenecer a países que fueron colonizados y colonizadores”, cuenta Alarcón sobre la colaboración. “El lirio acuático representa el extractivismo colonial, pero también la extracción de los seres vivos de su entorno”.

En una época en que las imágenes se vuelven virales y la inteligencia artificial fabrica atrocidades falsas, ¿cómo evitar que una obra sobre violencia se convierta en otro contenido de consumo rápido? Alarcón lo sabe: “El espectáculo actual va de la mano de la falta de reflexión. Son veinte segundos: ves, captas algo, pero no tienes contexto. Ni siquiera sabes si las imágenes son reales”.

Su respuesta es la lentitud. La instalación exige caminar alrededor, acercarse, escuchar, descubrir detalles. “Es una obra que rescata lo tangible: los objetos, y el tiempo que hay que tomar para observar y pensar”, dice.

También apuesta por la metáfora como antídoto contra el sensacionalismo. Hace años hizo Continuum Feminicida, una instalación sobre feminicidio con grava roja y un dibujo abstracto. “Cada grano era un cuerpo. El arte permite esa sutileza. La poesía está lejos del espectáculo”.

Actualmente, Alarcón cursa una maestría en Chicago sobre la representación del genocidio, un campo lleno de dilemas éticos. ¿Puede una artista mexicana, que nunca ha estado en Gaza, hablar sobre lo que allí ocurre? ¿Dónde termina la empatía y empieza la apropiación?

“Uno no puede pretender hablar por otros”, responde. “No puedo hablar por los palestinos ni por los congoleses. Lo único que puedo hacer es exponer mi visión del mundo, y pensar que tal vez, eso tenga una dimensión universal”.

Lo llegó a entender estudiando las representaciones del Holocausto, especialmente la obra de Claude Lanzmann. “Me doy cuenta de que no es la apropiación lo problemático, sino cómo se usa la verdad de las víctimas. Prefiero dar mi opinión como Ximena Alarcón, y no usar testimonios de personas cuya experiencia trágica ni siquiera puedo imaginar”.

Es una distinción sutil pero clave. Alarcón no calla el dolor ajeno: reconoce desde dónde habla. “Mi visión del mundo viene de una indignación muy fuerte que me impide ser indiferente. No fui indiferente a cómo ejecutaron a George Floyd en Minneapolis —porque eso fue una ejecución pública—, no puedo ser indiferente a esas cosas”.

En el patio de Casa Mérida, el montón de escombros espera. Con sus juguetes rotos, su cabello humano, los restos de la barbarie. Acercarse o no, es decisión de cada quien. Alarcón, con la paciencia de quien sabe que el arte es un acto de terquedad, ha construido un monumento a lo que no debe quedar enterrado.

📍 背景:“Boat people”指1975年后逃离越南的难民,多数乘小船出海,遭遇海盗、风暴与饥饿,是冷战时期最惨烈的难民潮之一,许多家庭最终定居美国、加拿大或墨西哥。

📍 背景:“Lirio acuático”(水葫芦)原产南美,20世纪被引入墨西哥和越南作为观赏植物,后因繁殖过快破坏水体生态,成为两国共同的环境问题,象征殖民遗留的失控后果。

📍 背景:George Floyd于2020年在美国明尼阿波利斯被警察跪压致死,引发全球“黑人的命也是命”抗议,墨西哥华人社群曾组织烛光集会声援。

墨西哥华人网(mxhuaren.com)新闻总社提示:该艺术展以创伤记忆为线索,连接了加沙、墨西哥暴力与移民史。在墨华人若前往参观,建议避开周末高峰时段,注意展品区域地面不平,儿童需全程监护。展览免费开放,但需提前在官网预约入场时间。